HABLEMOS DE LA BIBLIA, CON IRIT GREEN - Dichos de Salomón:
El hijo sabio alegra a sus padres;
el hijo necio los hace sufrir.
Las riquezas mal habidas no son de provecho,
pero la honradez libra de la muerte.
El Señor no deja con hambre al que es bueno,
pero impide al malvado calmar su apetito.
Poco trabajo, pobreza;
mucho trabajo, riqueza.
Cosechar en verano es de sabios;
dormirse en la cosecha es de descarados.
Sobre el hombre bueno llueven bendiciones,
pero al malvado lo ahoga la violencia.
Al hombre bueno se le recuerda con bendiciones;
al malvado, muy pronto se le olvida.
El que es sabio acepta mandatos;
el que dice necedades acaba en la ruina.
El que nada debe, nada teme;
el que mal anda, mal acaba.
El que guiña el ojo acarrea grandes males;
el que dice necedades acaba en la ruina.
Las palabras del justo son fuente de vida,
pero al malvado lo ahoga la violencia.
El odio provoca peleas,
pero el amor perdona todas las faltas.
En labios del sabio hay sabiduría;
para el imprudente, un garrotazo en la espalda.
Los sabios se reservan sus conocimientos,
mas cuando los necios hablan, el peligro amenaza.
La defensa del rico es su riqueza;
la ruina del pobre, su pobreza.
La recompensa del justo es la vida;
la cosecha del malvado es el pecado.
El que atiende la corrección va camino a la vida;
el que la desatiende, va camino a la perdición.
Es de mentirosos disimular el odio,
y es de necios divulgar chismes.
El que mucho habla, mucho yerra;
callar a tiempo es de sabios.
Plata fina es la lengua del justo;
la mente del malo no vale nada.
Los labios del justo instruyen a muchos,
pero el necio muere por su imprudencia.
La bendición del Señor es riqueza
que no trae dolores consigo.
El necio goza cometiendo infamias;
el sabio goza con la sabiduría.
Lo que más teme el malvado, eso le sucede,
pero al justo se le cumplen sus deseos.
Pasa el huracán y el malvado desaparece,
pero el justo permanece para siempre.
El perezoso es, para el que lo envía,
como el vinagre a los dientes o el humo a los ojos.
El honrar al Señor alarga la vida,
pero a los malvados se les acorta.
Para los justos, el porvenir es alegre;
para los malvados, ruinoso.
El Señor protege a los que hacen bien,
pero destruye a los que hacen mal.
Jamás el justo fracasará,
pero el malvado no permanecer
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